❝ No es difícil darse cuenta por qué el Valle Cochamó, en Chile, a menudo es comparado con Yosemite. Pero la comunidad local tiene una visión distinta sobre cómo proteger de mejor forma este lugar especial, su flora y su fauna. ❞
Este artículo se publicó originalmente en formato impreso en la revista Patagonia Journal y en el sitio web Patagonia.com en marzo de 2025. Sus autores son Rodrigo Condeza y Daniel Seeliger.
En el noveno largo del Cerro Trinidad, una pared de granito de un poco más de 900 metros, me enfoco en encontrar un buen empotre para mi mano y piso firme a pesar del dolor sobre una pequeña saliente de roca. Paso mi cuerda por un seguro bien puesto, libero la otra mano y doy vuelta la mirada, dejando mi pequeña burbuja de concentración absoluta para observar un majestuoso cóndor que planea silencioso, dibujando un círculo sobre nosotros con sus tres metros de envergadura.
Abajo puedo ver el río principal y el área conocida como La Junta, el epicentro de la recreación al aire libre en Cochamó, un valle al sur de Chile que se extiende desde las ensenadas del Pacífico occidental hacia el este, casi tocando la frontera con Argentina. Interminables mantos de bosque lluvioso se despliegan ante mí en dirección al río que serpentea entre verdes praderas. Gracias a dos décadas de resistencia local contra caminos madereros, plantas hidroeléctricas, inversiones en turismo de lujo y desarrollo inmobiliario, este lugar se ha mantenido relativamente igual desde comienzos de 1900.

En los 90, las guías de Lonely Planet llamaron a Cochamó “El Yosemite de Sudamérica” por primera vez. El parecido es difícil de ignorar: grandes paredes, un río como el Merced, verdes praderas y numerosas cascadas: un entorno natural magnífico. Sin embargo, Cochamó es más como Yosemite en 1890, antes del impulso por construir carreteras, hoteles y centros comerciales para turistas. Si bien la comparación se ha repetido durante las últimas décadas en la continua batalla por proteger este lugar, quienes amamos Cochamó realmente luchamos por evitar que se convierta en el Yosemite de Sudamérica.
“Describir al valle como ‘similar a Yosemite’ es correcto”, dice mi amigo Rodrigo Condeza, quien ha vivido y luchado por proteger el área de Cochamó desde 2007. “Pero eso llega hasta ahí. Sus diferencias superan a las similitudes: densos bosques lluviosos, sin ruido de tráfico, la cultura del arriero chileno, el barroso sendero que es un verdadero ‘peaje’ para entrar, y su epicentro, La Junta, libre de estacionamientos”. El desafío, como siempre, es cómo conservar lo que también quieres compartir.
Estoy escalando en Puchegüín, un sector de propiedad privada en la mitad sur del Valle Cochamó que en 2022 fue puesto a la venta a través de una subasta en Christie’s. Este lugar alberga la mayor parte de las paredes para escalar y senderos para trekking en el valle, los que se adentran sinuosamente entre estas montañas en un área que cubre 133.000 hectáreas. ¿Cómo es posible que estas cumbres de granito cubiertas por glaciares, estos bosques y estos ríos puedan estar disponibles al mejor postor? Pero ¿y si el mejor postor fuéramos nosotros?

Conocí el Trinidad por una foto en 1999. Yo era un joven escalador viviendo en el sur de Chile y esta poco conocida pared de granito me motivó a ir en busca de un lugar sin señaléticas y que no fuera un parque nacional. Seis meses después, tras cinco horas de caminata con una mochila de 30 kilos, llegué a la pradera de La Junta donde quedé impactado por las paredes de roca a mi alrededor.
Al día siguiente caminé dos horas por el empinado sendero de La Junta a la base del Trinidad, donde conocí a un brasileño espigado y risueño llamado José ‘Chiquinho’ Hartmann. En 1997, el escalador británico Crispin Waddy había batallado por días en la espesura abriendo el primer sendero de acceso y las primeras rutas de big wall. Ahora, Chiquinho y compañía construían extensiones para esos senderos e instalaban un baño mientras trabajaban en liberar las primeras rutas del valle y dibujaban elaborados topos.
Durante la semana siguiente, compartiendo campamento con Chiquinho, entendí todo mejor. Encontré más satisfacción ayudándolo a construir senderos para otros que repitiendo rutas duras para mí. Ser realmente parte de un lugar no se trataba de verlo, escalarlo y publicar fotos en redes sociales. Trabajar por mejorarlo para la próxima generación me dejó una gran satisfacción.

Estaba demasiado acostumbrado a que los escaladores se jactaran de sus primeros ascensos. Hoy en día, los escaladores consideran las rutas de Chiquinho, la mayoría sin publicar, como los clásicos del sector. Un día de lluvia, lo observé dibujar los detalles de su ruta en un papel que luego dobló cuidadosamente y dejó en un frasco de vidrio para que la próxima persona pudiera usarlo.
Junto a mi esposa Silvina, entonces embarazada, compramos un terreno y nos mudamos al valle en 2004. Nos habíamos conocido cinco años antes escalando en Mendoza, Argentina, y juntos abrimos el primer camping de Cochamó, el Camping La Junta, en un terreno de dos hectáreas a la orilla del río.
Al principio estábamos desesperados por recibir visitantes. Cobrábamos US $2,75 por noche y durante la primera temporada tuvimos menos de 30 personas. Entre nuestros interminables proyectos yo siempre buscaba una oportunidad para escalar. “¿Eres escalador? ¿Quieres escalar?” le preguntaba a quien llegara.
Aquí trabajamos y aprendimos. Ayudamos a herrar caballos pilcheros y guiarlos con sus 80 kilos de carga por los 13 kilómetros a nuestro camping en La Junta, el epicentro de la escalada y el trekking. Con el tiempo aprendimos que las hojas del canelo, un árbol nativo, pueden aliviar el dolor de estómago y crear un producto de limpieza antibacteriano; que una chaqueta de GORE-TEX no se compara con los ponchos de lana hechos a mano por nuestros vecinos; y que picar leña requiere la eficiencia de un golpe corto y preciso en lugar del estereotípico hachazo de un macho musculoso. Nuestro hijo, Zen, nació en 2005 y pasamos todas las temporadas excepto los inviernos en el valle hasta que llegó a la adolescencia.

Y a pesar de que los ojos de los escaladores se iluminan al pensar en otro Yosemite, la realidad de vivir aquí fue muy diferente a la de estar en un parque nacional. Junto a otro escalador ayudamos a Pelluco Sandoval, un arriero que vivía en Cochamó con su familia, a separar a un ternero de su madre que deambulaba por el camping. Al día siguiente, mientras tomábamos un café con leche directo de la ubre, el escalador me dijo en inglés, “Amigo, esto no es el Camp 4, ¡es el Camp Farm!”
Zen creció. Escalaba árboles, nadaba en el río, se subía al regazo de los huéspedes sin vacilar para que le leyeran un libro. Corría descalzo por la pampa junto a Chupete, el caballito de madera que bautizó en honor al caballo de un arriero local. También saludaba a los exhaustos mochileros con la cara morada de tanto comer el fruto del maqui: “Hola, hello”, les gritaba tratando de adivinar en qué idioma hablaban.
Cuatro años después de iniciar este proyecto conocimos a nuestro vecino Rodrigo Condeza, un chileno de treinta y tantos, dueño de una barba bien cuidada, una conversación precisa y un agudo ja ja ja que me hacía reír aunque no supiera por qué.
Todos éramos relativamente nuevos en el valle, aislados en este paraíso de los más sombríos problemas del mundo. O al menos eso pensábamos. En 2008 un mega proyecto hidroeléctrico—con siete represas, gigantescas tuberías, centrales generadoras y líneas de transmisión—levantó una amenaza sobre el lugar y nos empujó a una batalla por detenerlo. Así fue como junto a Rodrigo, nuestras esposas y la familia Sandoval entramos en una nueva etapa de nuestras vidas. Nos convertimos en defensores de estas tierras, y esta primera pelea fue el comienzo de un movimiento por la conservación mucho más grande que continúa hasta el día de hoy.

“No sabíamos muy bien cómo hacer nada de esto”, recuerda Rodrigo, “pero sabíamos que teníamos que intentarlo”. Y mientras más aprendíamos, más nos dábamos cuenta de la importancia de proteger este lugar que nos había dado tanto.
En los meses que siguieron intentamos familiarizar a tanta gente como pudimos con el poco conocido Valle Cochamó. La batalla se libró en 50 reuniones con políticos y partidos, directores de turismo, asociaciones de vecinos y agrupaciones comunitarias. Cada presentación la terminamos con una lámina que mostraba un Cochamó sin agua y una bifurcación en el sendero con una señal que decía “¿Qué camino tomamos? ¿El turismo o la hidroelectricidad? ¿Yosemite o Hetch Hetchy?” Preparándonos para lo peor, con Rodrigo compramos seis concesiones mineras por US $1.200 cada una, en un esfuerzo desesperado por bloquear lugares donde pudiera instalarse una represa.
Afortunadamente, la campaña para convencer al país tuvo éxito. En 2009 la presidenta de Chile decretó la cuenca del río como la primera reserva de agua del país, protegiéndolo de las centrales hidroeléctricas y deteniendo los proyectos existentes. Esto despertó un movimiento local dedicado a la protección contra amenazas similares, mientras con Rodrigo bromeábamos sobre dejar ir nuestras potenciales riquezas en la minería del cobre.
“Cuando supe que el decreto era real”, dice Rodrigo, “lloré”.

Sin embargo, no tardamos en darnos cuenta de que nuestro nuevo rol como defensores del territorio no terminaría nunca. En 2016, el auge del turismo en el valle trajo basura, heces que quedaban a la vista, fogatas y campamentos ilegales, drogas y un aumento de accidentes serios. Tatiana Sandoval, la hija de Pelluco, lideró la formación de la Organización Valle Cochamó (OVC) y la apertura de un centro de visitantes en un viejo contenedor para organizar y educar a los turistas. Mientras tanto, nosotros seguimos luchando contra el desarrollo invasivo. Recientemente, el movimiento tuvo una importante victoria sobre un proyecto que consideraba una subdivisión en 79 sitios y consiguió la declaración de 11.000 hectáreas en el sector norte del valle como santuario de la naturaleza.
Tal vez no debería habernos sorprendido que la más reciente amenaza sobre el valle fuera en verdad una antigua. Roberto Hagemann, un acaudalado inversionista, había estado adquiriendo numerosos predios y derechos de agua en el área desde 2007 sin ocultar su posición a favor del desarrollo. En el lapso de 15 años, Hagemann propuso el proyecto hidroeléctrico Mediterráneo y varios proyectos hiperturísticos. Junto a la comunidad, Rodrigo, Tatiana y las organizaciones locales Puelo Patagonia y OVC lo enfrentaron para detener esos proyectos en cada oportunidad.
En junio de 2022, Hagemann adquirió el terreno de Puchegüín y otras 50 hectáreas justo al lado de nuestro camping. No nos sorprendió que propusiera, una vez más, la construcción de caminos, hoteles y góndolas para clientes adinerados. Pero pareciera ser que nuestros años de persistente oposición dieron frutos, porque terminó poniendo Puchegüín a la venta por 150 millones de dólares en Christie’s, junto a lujosas propiedades y mansiones con vista al mar alrededor del mundo.

Fue entonces cuando José Claro, presidente de Puelo Patagonia, tuvo una idea. ¿Era necesario que Hagemann fuera la némesis de Cochamó? A fin de cuentas José y Rodrigo ganaron la batalla tras un brutal enfrentamiento en la Corte Suprema contra su proyecto hidroeléctrico en 2017; y sus distintos planes de desarrollo de alto impacto tampoco encontraron aprobación local. Tal vez esta movida para vender Puchegüín de forma rápida indicaba que Hagemann estaba contra las cuerdas. José lo contactó e iniciaron una conversación.
“Lograr un acuerdo con alguien que ha sido tu adversario por tanto tiempo fue un gran desafío”, dice José. “Pero, en lo más profundo, ambos sabíamos que nos necesitábamos mutuamente”.
Eventualmente, ambas partes hicieron a un lado sus diferencias y negociaron, lo que creó la enorme oportunidad que hoy tiene la comunidad de comprar Puchegüín por US $63 millones.
Es una cantidad difícil de dimensionar y aún más de recaudar. El precio es demasiado alto para las ONG locales de Cochamó. Afortunadamente, durante los dos últimos años, importantes actores del mundo de la conservación como Fundación Freyja, Patagonia, Fundación Wyss y The Nature Conservancy se unieron a los esfuerzos de recaudación y, junto a las contribuciones de personas que creen en el proyecto, donaron cerca de la mitad de lo que se necesitaba. De esta alianza nació una nueva coalición llamada Conserva Puchegüín, que combina un profundo conocimiento local con experiencia internacional. Actualmente, Rodrigo continúa su lucha—aunque con más canas en su menos abundante cabellera—recorriendo el mundo, reuniéndose con potenciales donantes y ampliando este esfuerzo a nivel nacional y mundial.

¿Acaso somos, Silvina y yo, hipócritas? Ha habido oportunidades a lo largo de estas batallas en las que he admitido tener dudas al respecto. Después de todo, compramos un terreno aquí y luego hicimos campaña para negarle la misma oportunidad a un desarrollador inmobiliario. Construimos un camping y un refugio, pero luchamos contra inversionistas que esperaban instalar un hotel como el Ahwahnee o un centro comercial parecido a Curry Village. ¿Somos diferentes a todos ellos?
Pero entonces Silvina me recuerda: Nosotros criamos a Zen en el valle. Ofrecemos un espacio asequible para campistas e instrucciones para usar nuestros baños secos. Los Sandoval llevan personas a caballo a través del valle. Rodrigo guía turistas por los senderos del Trinidad. El escalador local José Dattoli da clases de montañismo en el Anfiteatro. Cristián “Mono” Gallardo lidera voluntarios en la construcción de baños para escaladores y senderistas en la zona alta del valle. Estudiantes de turismo reciben a los mochileros en el centro de visitantes. Los arrieros locales ayudan a construir puentes y ponen tablones en las secciones difíciles del sendero. Veinticinco años después de haber comenzado a abrir rutas, Chiquinho vuelve casi anualmente para ayudar con la mantención de senderos, mejorar sus propias rutas y llevarse basura. Hemos invitado a las personas a conocer este lugar, pero a una escala que el valle y la comunidad pueden soportar.
Si se lo permites, Cochamó crea una profunda conexión con tu interior. Aquí nos ensuciamos las manos, embarramos nuestras botas y dejamos sudor en la tierra. Se siembra una semilla. Las amenazas que hemos enfrentado vienen principalmente de una visión externa que trata de entrar. La visión de nuestra comunidad brota desde el interior y busca llegar más allá.
“Si tuviera hijos”, dice Zen, hoy con 19 años, “me gustaría criarlos aquí, entre estos árboles enormes y pequeños animalitos … en la naturaleza de Cochamó. Aquí hay algo poderoso que es más grande que nosotros”.




Súmate al esfuerzo por conservar Puchegüín y Cochamó. En solo un par de minutos puedes aportar a la creación de uno de los mayores corredores de fauna silvestre en Latinoamérica y a la construcción de un futuro próspero para las comunidades, las criaturas y los ecosistemas de la región. Visita conservapucheguin.org para informarte sobre cómo puedes colaborar y donar.
Imagínate que en tu primera caminata de varias horas hacia las preciosas paredes de granito de los valles de altura de Trinidad o Anfiteatro, justo cuando sales del bosque hueles y ves humo. Cuando te acercas, ves un círculo de piedras de granito ennegrecido, un fogón ahumando, carpas con lonas de plástico, basura arrojada a un lado, ollas y sartenes sucias y pilas de equipo de acampe y escalada por doquier. Y no solo un sitio, sino muchos. En los arbustos lejanos, restos de heces y papel higiénico.

Muchos excursionistas se quejaron de estas escenas y del impacto humano causado en la naturaleza por estos campistas, en su mayoría escaladores. Durante la última década, se ha incrementado significativamente la cantidad de escaladores y otros visitantes que acampan en los valles de altura de Anfiteatro, Trinidad, Paloma y Arcoíris, resultando en impactos negativos a los ecosistemas particulares de cada valle.
No hay nadie encargado de frenar las conductas irrespetuosas hacia la naturaleza de Cochamó, excepto tú. Habla con tu propio ejemplo.
En respuesta a esta problemática, las organizaciones sin fines de lucro (Organización Valle Cochamó, Conserva Pucheguin, Puelo Patagonia y Friends of Cochamó), junto con vecinos, propietarios, escaladores y otros operadores turísticos están promoviendo una campaña para minimizar estos impactos. Se han implementado las siguientes pautas:
Este bosque antiguo con sus alerces milenarios y centenarios coihues, mañíos, tepas, está más seco que nunca debido al cambio climático. Hacer fuego es arriesgarnos a perderlo! Por favor usar tu cocinilla y no impactes ni arriesgues más estos ambientes naturales y frágiles.

Ayuda a minimizar el impacto que generamos en los frágiles ecosistema de los valles de altura.
• Solo utilizar vivac cuando es necesario como parte de la logística para escaladas de multilargo que no se pueden realizar saliendo desde los campamentos del sector La Junta.
• Mantén el vivac y tus pertenencias fuera de vista de los caminantes diarios. Y cuando pasas la noche vivaqueando en los valles de altura por favor hazlo manteniendo una distancia adecuada del sendero principal para que no llame la atención de visitantes sin la suficiente información y puedan asumir que es un sector de acampe "libre".
En muchas oportunidades, estos "campamentos" han atraído acampantes, especialmente no escaladores, los cuales no dependen de campamentos avanzados para lograr sus metas de multilargos.

El ecosistema de estos valles es frágil. Y en temporada alta son muchos los escaladores que se quedan a vivaquear y utilizar este espacio limitado. Por favor:
• Utiliza los baños ya construidos en los valles. Hay dos en Trinidad (la base de Trinidad Norte y al lado del vivac del boulder) y uno en Anfiteatro.
• Utiliza una bolsa para caca biodegradable si estás lejos del baño y bájala contigo.

• No entierres tu caca . La fauna silvestre la encontrará.
Mucha gente bebe del mismo curso de agua más abajo. Lavar y lavarse a más de 50 metros de los cursos de agua y utilizar detergentes biodegradables ó, idealmente, no utilizar detergentes. Se recomienda tratar el agua antes de tomar, especialmente si sacas agua del arroyo en el Anfiteatro.

Durante la temporada de verano 2019 Puelo Patagonia realizó gracias al apoyo del programa Patagonia Mar y Tierra de Pew Charitable Trusts, una investigación a cargo de un equipo multidisciplinario de la Universidad Austral de Chile quienes desarrollaron un diagnóstico del valle de Cochamó, en áreas correspondientes a recursos naturales, turismo y antecedentes culturales.
Más información en el Estudio Demanda Turistica Valle Cochamó hecho por el Puelo Patagonia.

Por Bruna Garretón
Fotografías: Francisco Muñoz
En medio de esta pandemia, en donde quienes tenemos el privilegio de poder estar en casa teletrabajando o en aislamiento voluntario a veces soñamos con el regreso libre a la Naturaleza, quisiera dejar una reflexión para tan anhelado momento futuro.
En 1860, George Catlin (de los primeros en describir a los aborígenes de América del Norte) escribió:
“Buena parte de lo agreste y lo montaraz en la obra de la naturaleza está condenado a desaparecer ante las devastadoras manos del hombre. Así, entre las huestes de lo viviente hallamos a menudo nobles estampas o hermosos colores que suscitan nuestra admiración y ponemos empeño en preservarlos con su primitiva rusticidad”.
No podemos olvidar que lo que hoy nos tiene confinados, es lo que la ciencia nos dijo hace décadas:

La crisis socioambiental traerá amenazas para la vida humana tal y como la conocemos hasta ahora.
Pandemias, cambio climático, derretimiento de glaciares, cambios en los regímenes de precipitaciones, entre muchas más, parecieran ser “amenazas”, cuando en realidad, tal como nos lo dijo Catlin, la verdadera amenaza para la vida en la Tierra somos los seres humanos. Sin mencionar la desigualdad en comunidades y grupos vulnerables:nunca olvidar que estamos en una crisis SOCIOambiental.
Estamos en el Antropoceno, la era geológica en la que el ser humano dejó una huella imborrable sobre la faz de la Tierra. Y en este momento histórico, en medio de toda la incertidumbre por la crisis sanitaria del COVID19, tenemos la hermosa oportunidad obligatoria de pausa y reflexión profunda: ¿Realmente queremos regresar a los hábitos y conductas que nos trajeron hasta el presente? ¿Y si mejor co-habitamos en armonía con la Naturaleza?.
Este verano pude volver por séptima vez a escalar en Cochamó, Región de Los Lagos, Chile. La primera vez que subí a La Junta fue hace 20 años, en modo vacaciones familiares cuando los toboganes aún eran secretos. Mucho barro, aventuras, cruce de ríos, camping y caminatas por el bosque sureño. ¡Imposible olvidar mi primera sanguijuela! Siempre me maravilló la perfección de la naturaleza.

Hace 10 años fue la primera vez que escalé en Pared Seca y los sectores deportivos. En visitas posteriores, en medio de caminatas con peso para entrenar las piernas y aproximarme a sectores más altos vinieron las primeras escaladas en tradicional. Conocí el Valle del Trinidad, el Anfiteatro, Matelandia, el Cerro Arcoíris, di la vuelta larga por el Paso El León y crucé a Argentina. Siempre aprendiendo a observar, reconocer especies de flora y fauna, respetar el silencio para escuchar aves, la lluvia intensa, descansos en el bosque y observar las estrellas en las noches de fogón.
Durante estas sucesivas visitas al valle, he podido ver cómo ha cambiado la afluencia y comportamientos de visitantes. Pese al esfuerzo y organización de algunos dueños para poner capacidad de carga máxima y limitar el acceso, aún no entendemos que nuestra visita perturba negativamente a los habitantes. Y con habitantes me refiero a concones, ranitas, chucaos, peces, huillines, cóndores, alerces, helechos, coicopihues, arrieros y lugareños y cuidadores…
Salirse del sendero, subir escuchando música a todo volúmen, gritarle a todo pulmón a tu cordada, dormir y acampar en lugares no establecidos, el uso que hacemos de los cuerpos de agua, realizar excursiones sin tomar en serio la preparación e información previa, no poner en práctica los principios de “no deje rastro”, y un laaaaargo etc, ponen de manifiesto nuestra real desconexión con los ecosistemas que permiten nuestra existencia.
Hasta hace algunos años, para comenzar el sendero había que caminar desde el puente. Hoy llegan varios buses al día hasta el inicio mismo del sendero. Cochamó es un destino mundial de escalada en roca, el “Yosemite chileno”, pero sin el ruidos de motores y urbe de su símil norteamericano. También sus apariciones en redes sociales, hacen que cada año más gente quiera ir a realizar los trekking de Cochamó y regresar con sus fotos propias en tan magnífico lugar. Durante Enero y Febrero, los campings llegan a su capacidad máxima con el peak de visitantes… ¿Y el resto del año? Seguramente la resiliencia de sus habitantes atenúa y se recuperan del impacto de la temporada alta.
La resiliencia ecosistémica planetaria se vincula con la capacidad de la Naturaleza de recuperarse y repararse año a año. De las definiciones más simples que existen de Naturaleza está mi preferida de Edward O. Wilson de 1984:
“La Naturaleza es la parte del medio ambiente original y de sus formas de vida que perdura después de sufrir el impacto de la acción humana. Abarca todo lo que en el planeta Tierra no tiene necesidad de nosotros y es autónomo”.
Si en realidad queremos tener la oportunidad de (re)visitar lugares que, como dice Catlin, inconscientemente nos nazca querer preservar, debemos cuestionar nuestro actuar. No solo mientras dura nuestra visita, sino durante todo el resto del año.

Todos los días, nuestras decisiones cotidianas de consumo, nuestro involucramiento con la comunidad que formamos parte, nuestra participación en la toma de decisiones, a quién entregamos nuestro dinero, las actividades que realizamos o dejamos de realizar, cómo y de qué nos alimentamos, qué industrias y modelos de desarrollo apoyamos, son todas algunas de las formas en las que marcamos nuestra huella en este mundo.
También podemos reflexionar respecto al cambio hoy tan necesario: cambiar la lógica EGOsistémica hacia un paradigma ECOsistémico, en donde el ser humano es parte de la red, y no dueño de los “recursos naturales”.
E. Wilson es claro y simple: la Tierra no tiene necesidad de nosotros. La vida en este planeta continuará de todas formas, y estamos en medio de una crisis mundial que nos entrega la opción de poder pensar y decidir si queremos continuar formando parte de la Naturaleza. La dominación ilusoria que nos trajo hasta el presente no da más. Toda civilización pasada que ha degradado el medioambiente se ha desmoronado.

El ahuyentar a gritos a un Cóndor en pleno vuelo mientras escalamos una gran pared o recorremos un sendero de altura en Cochamó es señal de desconexión y una falta de respeto hacia nosotras/os mismas/os, pues formamos parte de la compleja trama que nos permite visitar lugares como el Valle de La Junta en Cochamó.
Hagamos las paces con nuestra naturaleza humana y en esta pausa obligada, dialoguemos colaborativamente en todos los espacios que nos sea posible, sobre el cómo decidiremos co-habitar cuando podamos volver a salir.
Es una invitación proactiva a empoderarnos en todo aquello que nos importe y que hemos detectado nos es esencial en estos momentos críticos. Involucrarnos activamente en nuestros entornos directos, y desde la reflexión profunda por la movilización interna de nuestros sentimientos, pasar a la acción.
La Naturaleza continúa. Entendamos que no la “visitamos” ni tampoco está allá afuera. Formamos parte y somos Naturaleza. Mal que mal, somos un ecosistema de microorganismos…
Queda abierta la invitación, ¡nos vemos en algún sendero!
Bruna Garretón es una Ing.Agrónoma en gestión ambiental. Alimentación Sustentable 🍓Es Veggie, escaladora y eskiadora. Trabaja en la Cátedra de Sustentabilidad de la UC, y es presidenta de Huellas Verdes Cop.
¿Cuánto tiempo debería pasar en Cochamó?
Aunque algunos escaladores pasan meses en el valle, el estándar es de entre dos y cuatro semanas. Si el tiempo acompaña, estás bien preparado, etc. es posible escalar una o tal vez dos rutas de más de 10 largos en una semana. Leer Estrategias para Escalar en Cochamó para ayudarte a planear tu visita día a día.
¿Qué escalar?
La escalada de monolargos es buena, pero el bigwall es lo mejor en Cochamó. Mira la sección de Rutas de Escalada en Cochamó y una vez en el valle consulta con más escaladores para recibir recomendaciones dentro de tu nivel.
¿Cuál es la mejor época para escalar?
Diciembre a fines de marzo. Ver la página Cuándo Ir.
Se dice que este lugar es el Yosemite de Sudamérica. ¿Es verdad?
No, Cochamó es Cochamó, aunque a primera vista mucha gente le encuentra similitudes. Por ello nosotros decimos que Yosemite es el Cochamó de Norteamérica.


Viajo sin equipo de escalada. ¿Se puede arrendar una vez en el valle?
No podrás alquilar equipo en el valle. En general es difícil encontrar lugares para alquiler equipo.
Los viajeros, que también son escaladores, que se mueven con un equipo mínimo deben llevar al menos lo básico: arnés, ATC, zapas, magnesio.
Otra opción para algunos es contratar a un guía para que lo lleve a unas rutas. Ver la página Guías de Cochamó.
La opción más segura y menos costosa, aunque más pesada en la mochila, es llevar tu propio equipo. Ver Qué Equipo de Escalada Llevar más abajo.
No tengo compañero de escalada. ¿Se puede encontrar una vez en el valle?
En temporada alta, es posible asociarse con otros escaladores. Puedes probar a publicar en el Compañeros de Escalada / Climber Partner Board, dejar una nota escrita en el cartel de información del Camping La Junta o conversar en el camping.
¿Necesito reservar?
Sí, es necesario reservar. Los meses de escalada son los de temporada alta, por lo tanto, el valle tiende a estar en su capacidad máxima. Antes de diciembre y después de marzo hay mucha menos gente, pero también menos posibilidades de tener buen tiempo para escalar. Busque también descuentos en el camping para estadías largas.
Para reservar en el camping con descuento de escaladores,
(1) ir a la Reservas Camping La Junta,
(2) aceptar las políticas y
(3) asegúrese de marcar la casilla que indica que quieres quedarse 10 noches o más.
¿Hay camping gratis?
No. En años pasados el valle comenzó a colapsar debido al gran afluente de visitantes y a un alto volumen de acampe irresponsable en sus áreas silvestres. Este impacto generó un plan de manejo para cuidar el valle. Por favor, colabore con este cuidado respetando las recomendaciones. Si el pago de un camping habilitado y la planificación necesaria que demanda una reserva no son para tí, por favor considerar otro destino. Patagonia está lleno de lugares menos populares y con gran escalada. De todas formas, en cualquier lugar mantener las prácticas de mínimo impacto y mucho respeto por el entorno y sus pobladores.
A pesar de prepararse para un exitoso viaje de escalada, a muchos escaladores les ocurre que sin saber muy bien por qué, al final del viaje escalaron poco y caminaron demasiado para su gusto. Más abajo se detallan básicas y eficientes estrategias para disfrutar de las rutas y la belleza del valle. Siete días no es lo ideal para un viaje de escalada, pero sirve para ejemplificar un plan de escalada paso a paso.
Día 1: Llegada al Valle Cochamó. Primero realiza el viaje en bus de 2-3 horas desde Puerto Montt/Puerto Varas hasta Cochamó. Trata de tomar el primer bus (normalmente hay uno 7:30 a.m.). En el pueblo de Cochamó tienes la última oportunidad para comprar alguna provisión más.
Desde allí toma un taxi hasta el comienzo del sendero. Si reservaste caballo para tu carga en este punto te encontrarás con el arriero. Luego haces los trámites del Centro de Visitantes (registro y muestra de reserva) y comienza la caminata de 4 a 6 horas hasta el camping o Refugio. En caso de tener pilcheros coordinados siempre es una buena idea llegar la noche anterior al pueblo de Cochamó (hay muchos hostales y camping para elegir) para asegurarte de poder dejar tu carga con el arriero antes del mediodía.
Día 2: Relax, cascadas y monolargos. La mayoría de la gente se toma un día de descanso para conocer el lugar, relajarse y quizá escalar algún monolargo. También para asesorarse con otros escaladores y personal del camping sobre los accesos a las paredes, rutas y otras logísticas. No es infrecuente que los escaladores se pierdan buscando los accesos, perdiendo tiempo y energía. Si eres mega fuerte o muy ansioso o tienes muy poco tiempo, reemplaza este día por el itinerario del Día 3.
Día 3: Aproximación al valle de altura. Camina hasta uno de los sitios de vivac del valle elegido (por favor no carpas!) La mayoría de estos - Trinidad, Anfiteatro, Paloma, Arco Iris demandan entre 2 a 4 horas de aproximación. Prepara tu vivac fuera de vista de los trekers que transitan el sendero principal, cena, deja el rack listo y a dormir.
Día 4: Escala un multilargo. Comienza temprano. No olvides tu linterna. Por ejemplo, Bienvenidos a mi Insomnio tiene 20 largos, y en general se escala en un solo día (un largo día). En general se vuelve al vivac cuando ya oscureció. Comer y a dormir.
Día 5: Descanso. Ó, si no estás cansado, la ruta del día anterior fue corta o eres muy fuerte, sigue escalando este día.
Día 6: Escala otro multilargo. Algunos escaladores, luego de esta segunda ruta bajan directamente al camping en lugar de pasar otra noche de vivac en el valle de altura.
Día 7: Repite el día anterior o regresa al camping. Escala nuevamente o regresa al camping o Refugio. A esta altura, relax y playa seguramente suenan bien. Planea la siguiente expedición a otro valle si es que tienes más tiempo en el valle.
*Importante: Cualquiera de estos días pueden ser interrumpidos por lluvia. Es una de las razones por las cuales es muy bueno tener el campamento listo y seco en el camping elegido. Si es posible, siempre planear extra días en caso de lluvia.
Ver Cuando ir, Logistica y Camping para más información práctica sobre planificar tu viaje.
Cuerdas: La mayoría de las rutas tienen largos y descensos menores de 60 metros. Debes llevar dos cuerdas de 60 metros.

Casco: Este debería ser la pieza más importante del equipo. Cochamó es una zona de escalada relativamente nueva y cuenta con ilimitadas posibilidades de heridas en la cabeza - nuevas rutas, caída de piedras, run outs, etc.
Rack: Dos juegos de cams. Un juego de offsets será útil, especialmente de los más pequeños. Un juego de stopper con una buena variedad de micro stopper. Uno o dos cams grandes (Camalot num. 4 y 5). Un num. 5, por ejemplo, es particularmente conveniente en los clásicos Al Centro y Adentro y Las Manos del Día.

Poleas: Para acceder a ciertas paredes las poleas son esenciales. Por ejemplo para ascender cuerdas fijas y utilizar los cables para el cruce de algún ríos muy peligroso de vadear.
Anillos y cintas: Muchas rutas necesitan anillos y/o cinta para rapelar. Es una buena idea contar con esto sobre todo en rutas no tan escaladas. Recuerda llevar un pequeño cuchillo o tijera. Siempre pregunta a otros escaladores sobre las condiciones de la ruta que vas a escalar.
Equipo de artificial: Muchos primeros ascensos y líneas de artificial requieren pins, pitones, copper heads y otro equipo de artificial. Beaks son los usados con más frecuencia.
Equipo para abrir rutas: La mayoría de las primeras ascensiones requieren chapas. Por favor solo utilizar acero inoxidable y chapas de al menos 10mm o 3/8" de diámetro.

Portaledges: En general no son necesarios para la repetición de la mayoría de las rutas. Un portaledge es conveniente cuando se abren nuevas rutas particularmente largas. La mayoría de los escaladores prefieren dejar este extra peso en casa.
Seguro: Tener un seguro que cubre rescate en helicóptero quizá puede acelerar un rescate.
Efectivo: El último lugar para retirar plata de un cajero automático, banco o casa de cambio es Puerto Montt/Puerto Varas. El pueblo de Cochamó no tiene estos servicios.
Papel y lápiz: Es importante, una vez en el valle no depender únicamente en la batería de tu teléfono para sacar fotos y ver topos. No tendrás como cargar las baterías, salvo que lleves tu cargador solar.

Un circuito común es Cochamó, la zona de Bariloche (como Frey y Biblioteca), La Comarca (alrededor de El Bolsón) y Piedra Parada. Y aquellos que se quedan varios meses pueden incluir otros destinos muy conocidos como el Chaltén, Valle de los Condores y Arenales.
Ver el Mapa del Circuito de Escalada. Incluye la mayoría de las zonas visitadas por los escaladores durante el verano.